martes, 22 de noviembre de 2005

Más mezquinos que generosos

Desde que tengo recuerdos de las campañas políticas (parlamentarias y presidenciales) me ha llamado la atención la mezquindad de la mayoría de los candidatos -con contadas excepciones- que basan mucho su campaña en desprestigiar la de su contendor directo, fenómeno que no es sólo nuestro por supuesto, pero que igualmente es indeseado.
Las ansias de poder, de pertenecer a las élites políticas del país y, no menos motivante, de pasar a la historia (ya sea como diputado, senador o presidente) hacen aparecer en nuestros candidatos los más bajos sentimientos y las más maqueavélicas intrigas para intentar ganar la elección, sin tener los más mínimos escrúpulos en ventilar hechos y/o actos que los puedan favorecer.
Todo esto a propósito de los contínuos ataques que se están dirigiendo los candidatos a la presidencia, los que cada vez están subiendo más de todo, desprestigiando, desde mi punto de vista, a la clase política toda. No creo en que una estrategia basada en ataques rinda dividendos, al contrario, resta credibilidad a todos. Me gustan las candidaturas que demuestran un especial interés por encantar, con ideas, con ilusiones, con esperanzas y no las que nos muestran resentimientos, odiosidades y tratan de crecer resaltando que son menos malos que los otros.
¿Dónde quedaron las virtudes de "servidores públicos" que pregonaron los diputados/senadores que van a la relección? ¿Nos pueden mostrar un mínimo siquiera de sus promesas cumplidas? Claramente, todos entramos en este juego. Sabemos que nos prometen imposibles (ellos más que nosotros lo saben) pero que más da; hay que votar, hay que decidirse por uno. Mejor sería votar por don Nulo o don Blanco para darles un remezón fuerte y hacerles entender que deben cambiar su forma de hacer política.
La mayoría de nuestros jóvenes así lo han dado a entender no inscribiéndose en los registros electorales, una situación que se mantiene hace muchos años pero no ha logrado hacer pensar a nuestra clase política.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Gonzalo, concuerdo contigo en tus apreciaciones y quisiera agregar un poco de historia. ¿Recuerdas cuando Claro llego al programa de J. Celedon, A esta hora se improviza, con la cinta en que el Sr. Piñera se refería en forma poco adecuada de la Sra. Mattei? Según tu hermano Gabriel, más tarde la Sra. MAttei juro por sus hijos, que no sabía ni tenía nada que ver con este asunto? Bueno, el SR. Piñera sigue consecuente en su actitud, y la gente voto por la Sra. Evelyn. La gente tiene mala memoria, o una distorción en los valores o simplemente es ....
Lobo

Gonzalo Araya I. dijo...

Gracias por tus comentarios amigo mío. Es bueno recordar en estos momentos un episodio tan oscuro como aquél.

un abrazo

Craven dijo...

Disculpe la impertinencia de postiar en un artículo tan abandonado y antiquísimo, pero me quedó algo dando vueltas. A modo conclusivo, se menciona que la mayoría de "los jóvenes" -masa informe a la que pertenezco, pues tengo 17 años- han dado a entender un descontento con su no incripción. Me gustaría dejar plasmado en este entramado digital -por si algún ocioso cibernavegante como yo se topa con este artículo de hace casi 2 años- que es mucho más preferible demostrar este descontento votando nulo -o en su defecto, en blanco- que haciendo omosioón de inscripción. El votar nulo te deja dentro de un porcentaje (lamentablmente un porcentaje que es excluído de los resultados finales), mientras que la no-inscripción te convierte en un N.N. automarginado, en un Don Nadie para el sistema electoral y el entramado socio-político.Es sólo un pensamiento que se me vino a la cabeza y sentí que debía, von mucho respeto, vomitarlo lo antes posible.

Gonzalo Araya I. dijo...

Craven, muchas gracias por el comentario, es absolutamente pertinente y concuerdo contigo que más vale expresar el descontento votando nulo o blanco, de otro modo es difícil ser escuchado.

Gracias y saludos cordiales