Pero ahora viene la batalla final. El resultado es más incierto que nunca. Si me piden una opinión hoy, gana Piñera. La ventaja que consiguió es muy amplia y la sensación de triunfo poderosa. Si se mantiene este estado de cosas, este statu quo, gana Piñera sin problemas. Ergo, el comando de Frei y la Concertación algo tienen que hacer.
Algunos han hablado de un terremoto político. Concuerdo con ello, si no se hace algo drástico, fuerte, importante, que produzca un vuelco en las percepciones de la gente, no habrá vuelta.
¿Qué debería ocurrir? Varias cosas desde mi punto de vista. La pimera, una refundación de la Concertación y de los partidos que la integran, con cambio de directivas incluido. Hay más de un 20 del electorado -más de 1 millón de personas, todos los que votaron por MEO- y quizás cuanto más del pobre 30% de Frei que están hastiadas del manejo cupular de los partidos, de ver los mismos rostros siempre. Un primer reencantamiento se produciría si se da un golpe de timón fuerte y entra gente joven y preparada a dirigir los partidos políticos. Eso supondría un quiebre convincente que atraería a un electorado que se ha alejado paulatinamente de la Concertación.
La segunda, una cirugía mayor al comando de Frei y a su discurso, pobre y carente de ideas atractivas. Queda muy poco tiempo, pero no todo está perdido. Mi percepción es que se puede ganar la elección, la derecha está muy cerca esta vez, pero tampoco le será fácil sumar ese 6% que le asegura conducir el país por los próximos años.
No da lo mismo quien gobierne. Y sobre todo no da lo mismo desde el punto de vista valórico. La derecha es conservadora, censuradora, controladora. Nos querrán decir que ver, que valores debemos tener, que hacer. Y eso no me gusta. Los aspectos macros, la economía, la probidad, etc., de seguro estarán bien, pero desde el punto de vista de las libertades individuales, la cosa no me gusta. Espero en estos días el anhelado terremoto político que de vuelta esta segunda vuelta.





