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viernes, 22 de febrero de 2008

Festival (de culos) de Viña

El gran César Isella dio en el clavo. Más que un festival de la canción, esta versión, la 49ª del Festival de Viña se parece más a un Festival de Culos. Bueno, se agradece también eso, pero es cierto que a veces se les pasa la mano y las candidatas a Reina del Festival Viña olvidan que están en una fiesta popular, de la canción, familiar, y creen que están en un cabaret o incluso en un vulgar Topless, pues hasta eso han hecho, en el llamado minuto feliz, para ganar votos de la prensa especializada que se encarga de elegir a la Reina, lo que acontecerá hoy día.

Pero bueno, el Festival lo atrapa todo por estas fechas. Hasta he visto algunas cosas, como a Kramer ayer, que realizó algunas muy buenas imitaciones, como la de Piñera, que me gustó mucho. Harto ingenio y mucha observación, mezclado con una buena dosis de humor e ironía, que apuntan a ciertas contradicciones del candidato de RN, muy graciosas. No he podido ver más cosas, aunque tampoco me interesan demasiado, quizás la chica Furtado que canta tan lindo.

Aunque claramente podría cantar César Isella, un extraordinario trovador, que me trae a la memoria a Alfredo Zitarrosa y a la gran Mercedes Sosa, una música muy bella, de gran contenido. Quizá de gusto no tan masivo, pero muy linda y evocadora.

domingo, 28 de enero de 2007

La Pequeña Gigante

Nadie en Santiago ha podido sustraerse del embrujo de la "Pequeña Gigante", esa enorme y hermosa marioneta gigante que trae la compañía gala de teatro callejero Royal de Luxe, poniéndole broche de oro al festival de teatro "Santiago a Mil 2007".
Cientos de miles de chilenos (sí, muchos han venido de provincias especialmente para ver este espectáculo) han podido observar de cerca a esta maravilla, de siete metros de altura y con casi treinta toneladas de peso, que fascina por igual a chicos y grandes, de una ternura impresionante, tan bien accionada que pareciera viva. El trabajo de sus gestos, de sus ojos es simplemente genial, si se tiene la impresión que mirara todo a su alrededor.
Como podrán adivinar, he sido uno más de los que han caido rendido a su encanto. Tuve el privilegio de verla en la Plaza de Armas de Santiago, en la tarde del viernes pasado, desde un sexto piso, lugar que me daba una excelente perspectiva de todo lo que significado esto para Santiago. La gente reunida era impresionante. Se calculaba en más de 30 mil personas sólo en ese lugar, la que seguía admirada cada movimiento de la Pequeña Gigante, hasta verla acostarse y descansar en su enorme cama, para seguir al día siguiente con su tarea, encomendada por la propia Presidenta de la República, capturar a un gigante rinoceronte, el que -debido al nerviosismo de la ciudad- ha causado algunos destrozos por todo el centro de Santiago, tal como nos muestra la fotografía, de dos microbuses destruidos frente al Palacio de La Moneda.
La magia de la historia, la ilusión de ser parte de un proyecto tan vivo y cercano a la gente, la fuerza de la representación magistral que logran sus liliputenses operadores, se conjugan para crear un espectáculo como no se había visto nunca por estos lados. Familias enteras disfrutando de una fantasía colectiva que ha revolucionado la capital. En muchos puntos de ésta hay rastros del paso del asustado rinoceronte y todos queremos ser parte del momento en que la Pequeña Gigante lo encuentre y lo calme, sentirnos participando de una historia única y nuestra, que nos haga olvidar todos nuestros problemas y vivir por algunos minutos un verdadero cuento de hadas, en que todo es posible.
Sin duda, este ha sido un enorme acierto, con una covertura mediática impresionante, de un éxito insospechado aún para los propios organizadores, que debe hacernos pensar en muchísimas cosas, como país, como sociedad. Tratar de responder el por qué la gente se volcó en masa a ver este espectáculo, que prendió en todos los niveles de la población; explicarnos qué gatilló que todos hablaran de esta marioneta, que todos quisieran estar cerca de ella y que nadie quedara indiferente ante el paso de ella; intentar desentrañar que fibras tocó de la población que la animó a participar, a divertirse, en fin, muchas preguntas que deberán encontrar respuesta (a niveles sociológicos y sicológicos) que pueden servirnos para crecer como sociedad.

viernes, 24 de febrero de 2006

Festival de Viña

El Festival de Viña es un monstruo. Lo consume todo. Esta semana la pauta noticiosa está absolutamente gobernada por este Festival. Todos los canales de TV tienen programas especiales dedicados a él. En los noticiarios centrales, practicamente la mitad del tiempo lo ocupa el Festival. La farándula criolla está de fiesta; las candidatas a reina del Festival, argentinas de generosas curvas en su mayoría, hacen de todo por captar la atención de las cámaras, Chismes van y vienen, copuchas, acusaciones, peleas entre divas, etc., nos acercan a los países bananeros, sin desmerecer a éstos.
Ni en los tiempos más oscuros de la dictadura militar se lograba tanta atención con el Festival, aunque era una especialidad de ese nefasto régimen el desviar la atención con eventos de este tipo.
Sólo el Presidente Lagos -siempre tan dedicado a romper metas y dejar su impronta como el mejor Presidente de Chile- rivaliza en espacios noticiosos con el Festival, como si no pasará nada más interesante en Chile y el mundo.
No es que no me guste el Festival, es un buen show la mayoría de las veces, ya que presenta variadas alternativas y uno puede elegir que ver; lo que sucede es que estimo que se le sobredimensiona, se sobreexplota y todos quieren una tajada de él, todo lo cual me parece exagerado.