
Más que un espíritu navideño presenciamos un afán consumista exacerbado, sin tiempo para la tranquilidad y paz que esta fiesta requiere, en que el recogimiento del mundo cristiano debería manifestarse más fuerte que nunca en la celebración del nacimiento del niño Jesús.
Y lo anterior parte mal ya desde el ejemplo de nuestros candidatos que trabajaron en sus campañas hasta última hora del 24 de diciembre. Dónde está el humanismo cristiano que pregonan ambos si no son capaces de detenerse en esta fecha tan transcendental para el cristianismo.
No me parece adecuada esta actitud de quienes pretenden guiarnos por los próximos cuatro años. Habría esperado un gesto de respeto hacia todos en esta fecha y que hubieran hecho un alto en las campañas presidenciales.
Aprovecho la ocasión para desearles a todos unas fiestas de fin de año llenas de paz y felicidad, con los mejores augurios para el año que pronto empieza, en que se cristalicen sus más caros sueños.
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